Arte de calidad y quejas en la primera noche chamamecera en el Cocomarola

COMENZó LA FIESTA GRANDE. El trío santafesino Garupá (canciones de Ramón Ayala) se ubicó entre los momentos más elevados de la noche inaugural junto con la presentación de Pablo Bentos y el grupo Tajy. Antonio Tarragó Ros inició, sobre el escenario “Osvaldo Sosa Cordero”, los festejos por el centenario del natalicio de su padre y lanzó varias críticas. El show en altura de “Salta Danza” generó menos impacto del esperado.

La lluvia que, por momentos, amenazó con posponer el viernes el inicio de la edición 2023 de la Fiesta Nacional del Chamamé, fue la bendición perfecta para una noche donde el arte de calidad inundó cada uno de los rincones del Anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola. 

Comenzó la fiesta grande y el pueblo chamamecero levanta su copa para brindar por eso que le pertenece, eso que disfruta, que lo representa y lo hace parte de algo mucho mayor, algo que hoy es de toda la humanidad. Los simpáticos y casi habituales berrinches (esta vez bien justificados), de Antonio Tarragó Ros pusieron pimienta a los primeros minutos de esta velada inicial donde hubo música y baile para todos los gustos. El virtuosismo de Pablo Bentos, la amorosa sonoridad del grupo Tajy y la excelencia de Garupá Trío estuvieron entre los momentos más elevados del viernes. La fuerza paraguaya llegó con la Orquesta Sinfónica del vecino país y la diversión con el grupo Ipú Porá. La novedad estuvo a cargo de “Salta Danza”, y sus dos coreografías aéreas, la dulzura irrumpió con Belén Majul y los clásicos con Cacho Espíndola. 

La Fiesta Nacional del Chamamé renueva año a año el compromiso de superarse y ofrecer al público, diez noches donde la música y la danza sean la excusa perfecta para celebrar la cultura de toda una región que crece, y en la que las fronteras entre países se transforman en puentes que unen formas de ser distintas pero iguales. 

Si bien la fiesta se actualiza hay estructuras que no cambian, o, mejor dicho, no cambiaban y una de ellas tenía que ver con el ritual de apertura. Sucede que quienes asiduamente asisten a esta celebración popular saben que nada empieza si la Virgen de Itatí no es colocada en su sitial de honor, ese que ocupa hasta que se baja el telón de cada edición. Este año ese ritual sí cambió, tanto que la música comenzó a sonar en el escenario “Osvaldo Sosa Cordero” de manera puntual, pero sin la mirada de la virgen madre y sin la presencia de autoridades y organizadores sentados en las primeras filas. El encargado de romper el hielo fue el grupo San José de Curuzú Cuatiá que debió hacer frente a un Anfiteatro que apenas comenzaba a llenarse. Los grupos y solista continuaron pasando hasta que a poco más de una hora de iniciado el festejo, se realizó la tradicional bendición. 

Con respecto al predio, hay que decir que, en velada de apertura el barro reflejó la cantidad de lluvia caída sobre la capital correntina. Pero más allá de eso, es importante contar que en el Cocomarola hay espacio para la comida tanto en el estand de Cocineros del Iberá como en las cantinas distribuidas en distintos puntos, también hay lugar para la concientización ecológica y el turismo.  

Las pantallas gigantes que ya son un clásico de esta fiesta y las gráficas siempre tan ponderadas, esta vez, fueron banco de algunas críticas.

Enojo público 

Este año se cumple un siglo del nacimiento de Tarragó Ros, el rey del Chamamé, y los festejos comenzaron de la mano de su hijo Antonio durante la noche inaugural de la fiesta grande. “Yo estoy contento porque acá en la pantalla gigante me dieron 100 años”, dijo irónicamente el artista de Curuzú Cuatiá para marcar un error grueso en la leyenda que con letras grandilocuentes reflejaban las mega pantallas: “Antonio Tarragó Ros, 100 años”. Luego de la queja disfrazada de broma Antonito recordó que el nombre de su padre es Tarragó y no Antonio. 

Pero esa no fue la única molestia del curuzucuateño que según contó, estuvo un mes buscando fotos de su padre para que estas fueran mostradas al público, “¿Dónde están las fotos de papá? En lugar de poner en pantalla las fotos que yo mandé, ponen todos estos dibujos raros”, dijo ya con menos humor que al principio. Pero pese al mal trago la fiesta tarragocera siguió y fue, sin dudas, un muy buen espectáculo de música y danza alegre donde el Ballet Oficial bajó del escenario para invitar al público a bailar bien abrazados. El tema inaugural fue “Madrecita”, porque con él, Tarragó abría y cerraba sus presentaciones, y el último tema fue “el Toro”. 

Fiesta sonora 

El trío Tajy, que para su presentación en la Fiesta Nacional del Chamamé incorporó como cuarto integrante al bajista Mariano Parrilla, regaló al auditorio uno de los momentos artísticos más importantes de la velada. Es que la música del grupo integrado por Belén Arriola en violín, José Víctor Piñeiro en guitarra y Alejandro “Tato” Ramírez en acordeón es siempre una caricia sonora. En esta oportunidad el trío convertido en cuarteto presentó su reciente disco Raíz Chamamecera plagado de poética y con un toque más festivalero que los discos anteriores. Esta vez Tajy no solo invitó a escuchar, sino también a bailar.  

Pablo Bentos es sin dudas uno de los grandes fuelles del chamamé, y lo dejó muy claro durante el tiempo que duró su show en la noche inaugural de la Fiesta chamamecera. Con canciones como “Dulce Niña”, y “General Pinedo” el artista dio una cátedra musical para luego compartir su espacio con la cantante María Delvalle quien por primera vez subió a un escenario.  

Otro de los grandes espectáculos comenzó cuando apareció en escena la Orquesta Sinfónica del Paraguay. Su show fue musical y visualmente atractivo con un exquisito instrumental de arpa a cargo de Santiago Cortesi. Las canciones de los hermanos paraguayos fueron un convite a levantarse de los asientos. 

Invocación a “El Mensú” 

El recientemente conformado trío santafesino Garupá es un combo de sensaciones que atrapan, sorprenden y sacuden. Con looks descontracturados, camisas floreadas al estilo hawaiano, jeans y zapatillas, Joel Tortul, Homero Chiavarino y Julián Venegas fueron, de lo mejor que propuso la primera noche festiva del Cocomarola. Su chamamé es un respetuoso homenaje a uno de los músicos más influyentes de latinoamérica, el misionero Ramón Ayala, quien hace varios años se alejó de los escenarios. De entrada, el nombre del grupo marca la admiración que sus integrantes sienten por el autor de “El Mensú” ya que Garupá es la localidad donde creció. La sonoridad de Garupá confunde, no puede ser encasillada, y eso encanta, el talento de los tres artistas es abrumador y el compromiso con la música se evidencia en cada interpretación. 

Calidad femenina 

Belén Majul fue una de las pocas mujeres solistas que subió al escenario en la noche inaugural de la Fiesta Nacional del Chamamé y fue una digna representante del género. Con una voz dulce y amable, e interpretaciones propias, la artista ofreció un show de primer nivel donde supo aprovechar cada minuto para mostrar su calidad artística.  

La novedad 

Desde hace varios días se venía anunciando para la noche de apertura una propuesta novedosa a cargo de “Salta Danza”. Para su realización se instaló en el Cocomarola una grúa que elevó a una decena de artistas a varios metros de altura  con el objetivo de realizar allí dos shows acrobáticos, el primero, titulado “Renacer chamamecero” y, el segundo, “Dorado néctar”, el cual incluyó telas. Si bien fueron presentaciones llamativas (por ser en altura), ninguna llegó a sorprender o a generar impacto alguno. 

Al cierre de esta edición se anunciaba el inicio de la segunda noche chamamecera que tenía entre sus figuras más destacadas a Ofelia Leiva, Hugo Flores, Gabriel Cocomarola y Néstor Ló y los caminantes (de Paraguay), entre otros.